Diana Borelli Geldrez
Sin embargo de este Tratado injusto y desigual, que para Chile, como le manda su Política Exterior conocida, debió ser un Tratado “sagrado e irrevisable”, Chile, revisando el anterior de 1866, promueve un nuevo Tratado más ventajoso aún, el de 1874, y “En el nombre de Dios”, su artículo 1º confirma la nueva frontera entre Chile y Bolivia en el paralelo 24, ¡desde el mar hasta la cordillera de los Andes en el divortia acuarum! Esta delimitación Chile no respeta en absoluto, pues incursiona hasta la Puna de Atacama, ¡donde se apropia de la mitad occidental con 30.000 kilómetros cuadrados!